Liniers en Ascenso
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El domingo 2 de Julio Liniers cumple 86 años de vida. El 10 de Julio retoma el plantel los entrenamientos. Todavía no hay altas ni bajas.

viernes, 20 de noviembre de 2015

UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Compartimos la maravillosa narración del socio Carlos Angel Galina, que volvió al club luego de muchos años. Se trata del hijo de Carlos Pepe Galina, notable Presidente de Liniers a fines de la década del 60, época gloriosa de la Institución que alcanzaba su logro máximo llegando a la vieja Primera B, segunda categoría de nuestro fútbol.

Por suerte, Liniers está y lo encontré.

Hace unos días me encontré con el ruso Sergio en Dandy y este personaje me narró una historia tan loca como emotiva, que me caló hondo. 
Veamos: a pesar de que él es hincha de Independiente, se anotó en un concurso del Banco Francés para tirar penales en un partido de Boca, salió elegido y fue así que pudo darse el gustazo de llevar a su padre con una invitación vip a la cancha.
Fue así que su viejo, después de muchos años volvió a la cancha, gracias a la invitación de su hijo disfrutó y mucho su regreso, circunstancia que llenó de entusiasmo y orgullo a mi amigo.

Las fotos y la filmación del evento, que pude observar en el teléfono de Sergio me emocionaron tanto que sólo atiné a decirle (con dos lagrimones que se me escaparon), -¡Ruso querido, dame un abrazo te felicito y te envidio, qué linda experiencia¡-.
Quizás connotado por esa historia, el fin de semana siguiente, seguí la suerte de Liniers en su partido con El Porvenir. ¡Liniers a la final!, decían los grandes títulos de un portal de “la topadora”, convocando para el sábado siguiente, fecha en que Liniers jugaba en su cancha contra el mediático Atlas.
Al amparo de un mandato cosmogónico inexplicable, pude dejar de lado mi inveterada limitación para vincularme con las redes, y milagrosamente me hice amigo en Facebook de una página de Liniers y a la vez mandé un correo al Club.
Más manija me dí, cuando leyendo la página del club, tomé nota que se abrió una suerte de sede en Villa Luro a cargo del histórico “Trinquete”, un tipo que cuando yo andaba por los catorce años, me hacía morir de risa y admiración por como volvía locos a los lineman, narrándole de manera detallada, la forma y modo en que sus respectivas esposas le metían sus cuernos, mientras ellos tenían la infeliz ocurrencia de cobrarle un offside al narigón García (glorioso nueve de Liniers). ¡Increíble! Ya me voy a verlo¡, me dije todavía más emocionado.
Me calmé, con cierto rubor mandé el siguiente correo: “Hola, mi nombre es Carlos Angel Galina y soy hincha fanático de Liniers desde que nací, ya que mi padre fue Presidente del Club durante la década del 70, años gloriosos en la primera B. Me contacto, porque quiero ir a ver a Liniers el sábado y quisiera hacerme socio, ya que lo fui durante muchos años. Espero ansioso su respuesta. Muchas gracias”.
Acto seguido lo llamé a mi sobrino José (al que le dicen Pepe, como a mi viejo y que según mis hijas me quiere más que ellas), y sin preguntarle lo conminé: José el sábado juega Liniers la final para ascender a la C, vamos con tu auto porque con el mío no sé si volvemos. Dale tío a qué hora voy. (¡genio el Pepe!, un gamba total).
Pasaron dos días, estaba ansioso, tal como expresé en mi correo, y de repente, emocionado ví aparecer la esperada contestación: “Estimado Carlos: Desde ya que recordamos con mucho orgullo la gestión de tu padre y esperemos poder igualarla para volver a los años gloriosos del club. Yo te aconsejo venirte con tiempo el sábado así te podés hacer socio allí mismo en el estadio. Abrazo. Víctor Marinelli”.
El viernes a la mañana, justo cuando estaba entrando a mi sesión quincenal con Samuel, veo en mi teléfono un correo de Marinelli que me pedía si le podía mandar fotos de la época en que mi viejo era Presidente, “porque yo nunca pude ver a Liniers en la cancha de Gaona y General Paz”. 
Apagué el teléfono y le conté la historia a Samuel. No creo que (el inarribable) se haya emocionado, pero que disfrutó sorprendido la historia, seguro. Además, con la excusa de Liniers, repasé quizás como nunca lo había hecho, todo lo que había compartido, todo lo que disfruté y por qué no, todo lo que pude aprender, al lado de ese galán recio conocido como Carlos Pepe Galina.
Me despedí de Samuel con un grito compartido: ¡Vamos Liniers todavía!. Creo que hasta se quedó con ganas de acompañarme a la cancha.
Repasé ese último correo varias veces, se lo comenté a Silvina (mi actual y gran compañera) y a mi hermana Patricia, me emocioné un poco, sabía que en algún lugar tenía guardadas fotos de mi viejo cuando era Presidente de Liniers, pero estaba demasiado ansioso para buscarlas. Recordé que en mi mesa de luz tenía guardados unos carné de mi viejo. Los busqué. Encontré uno que le había entregado la AFA en 1968, que lo acreditaba como Presidente de un Club de la Primera B.
“La mejor manera de honrar la memoria de mi viejo va a ser que se lo entregue al actual Presidente”, pensé. Me emocioné de nuevo y me lo metí en el bolsillo.
La noche del viernes no dormí bien. Tuve sueños difíciles de interpretar. Me desperté muy temprano y era un día de sol increíble.
La mañana se me hizo un poco larga. A las doce no lo tuve que llamar a Pepe, él me avisó que a la una me pasaba a buscar. 
Partimos a la una y media. Es lejos para un porteño mal acostumbrado, viajar hasta Villegas. Pepe con su gps telefónico y mi pasado como viejo caminante del Oeste, nos hicieron la empresa fácil. A las 14 y 30 horas entrábamos al Estadio de Liniers.
Poca gente, un partido de inferiores en la cancha auxiliar (qué grande Liniers¡), y nosotros dos entrando, sin entender muy bien qué carajos hacíamos en ese lugar.
Llegamos a un salón donde dos señoras preparaban panchos y patys. Vimos una puerta que decía “Comisión Directiva”. Golpeamos Un chico joven nos dijo que esperásemos un rato porque “la Comisión estaba comiendo”.
Aprovechamos entonces y con José le entramos a dos patys. Sin cerveza, “por qué no se puede por el partido” me dijo con bondad una de las señoras. Hacía un calor que nos moríamos.
De repente, un joven que nos saluda y se presenta “soy Marcelo Gómez el Presidente de Liniers”. ¡Qué joven!, atiné a decirle (él me aclaró que el amigo Marinelli era el Secretario de Prensa).
Ahí nomás entré en un frenesí incontenible contando una y mil anécdotas de aquel Liniers glorioso, iban cayendo personas que se identificaban como dirigentes del club a los que el Presidente en forma recurrente les decía “él es Carlos Galina hijo del Presidente de Liniers cuando el Club ascendió a la Primera B en la década del sesenta”. Todos los dirigentes me saludaban con una unción que ya me parecía exagerada y yo (agrandado) agradecía.
Llegó el momento de hablar de la actualidad del Club, del logro de la ansiada cancha (ojo si bien Liniers tuvo épocas de gloria, vale también agregar que de la gloria ´”partió a Devoto sin paradas”, porque perdió su cancha, su sede y se quedó sin nada).
En medio de tanta conversa, descubrimos que los dos somos abogados (yo también aclaró Pepe) y que hasta quizás Gómez había sido alumno mío en Lomas de Zamora.
Entonces el Presidente me ofreció entrar al field (la cancha propiamente dicha) y en el momento en que estábamos en el “círculo central” le entregué el carné de mi viejo, “te lo regalo a vos, no al club, para transmitirte toda la energía de mi padre y que de tu mano Liniers vuelva a las primeras categorías”. Nos emocionamos todos y hasta José (que nunca había visto a Liniers antes) metió algún comentario sobre sobre esa época anterior, donde él aún no había nacido. (un genio¡¡).
Salimos de la cancha casi lagrimeando, y ahí nomás más emoción. Tres viejos y caracterizados hinchas del viejo Lin-niers, a los cuales debía hacer más de treinta años que no veía, como si yo todavía fuera un pendejo, al entrar a la cancha se me acercaron y también emocionados me dijeron “Carlitos, hijo de puta, estás igual, qué gusto verte hermano”. Yo sentí, perdón por mi paranoia, que esa salutación cariñosa llevaba otro mensaje implícito y no tan afectuoso “esperemos que no seas piedra y qué ganemos”.
¡Cuánta emoción y cuánta presión me metieron estos tipos!, pensé.
Llegó la hora del partido, no me dejaron pasar donde estaban los dirigentes y me fui con José a la Tribuna (la única). En el final de la misma, estaban los hinchas de “Li-nier”, al lado de unos casi mil hinchas del “cele” (es lógico porque debe haber muchos pibes que ni saben que Liniers es un barrio en el límite oeste de la Ciudad Autónoma).
Apenas empezó el partido nos hacen un gol. “¡Qué bajón, a ver si soy piedra de verdad!”. Por suerte empatamos. Pero no sé por qué razón el bajón siguió. Terminó el partido y le dije a José, rajemos, otro día hablamos con los dirigentes.
No saludé a nadie y partí, preguntándome por qué razón no sentí la necesidad de sacar alguna foto.
En el auto, casi no hablamos con José, pensé que por un lado estábamos cansados y por el otro, muchas emociones. 
En mi casa, el bajón me pegó todavía más fuerte, no entendía qué me pasaba. Hasta me sentía mal humorado. Intenté dormir y no pude. Silvina me preguntó, como era lógico, cómo había sido la experiencia y le dije que después le contaba.
Tirado en la cama, mirando el techo, me dí cuenta de lo que me había pasado. .
Con un nuevo lagrimón escondido, me senté en la cama y sin mirarla a Silvina, le dije. “¡ya sé lo que me pasó, la emoción me volvió tan loco que creí que iba a poder disfrutar el partido con mi viejo –como había hecho el ruso-, pero después de no verlo en la tribuna, tomé conciencia que ya no estaba y que no lo iba a encontrar!. 
Tratando de terminar de una vez con los lagrimeos y de recuperar mi norte, agregué “¡por suerte no anduve en vano, Liniers está y lo encontré!”.
Carlos Angel Galina

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que lindas palabras. Se me pianto un lagrimon. ojala puedas seguir yendo a ver la topadora. para que de ahora en mas liniers no sea solo un lindo recuerdo , sino que sea una linda experiencia y un dador de emociones y anecdotas a futuro.
Abrazo de gol y aguante Liniers Carajo !!!!!!

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